jueves, 24 de diciembre de 2020

Sumas y restas

 


Nelson Martínez Espinoza

Luego de obras tan controversiales como “Rodrigo D no futuro” o “La vendedora de rosas,” la película “Sumas y restas” se constituye en un desafío, que pocos cineastas pueden abordar, pues el tema central es esa daga que está incrustada en la vida cotidiana de Medellín. La droga es un tema difícil de eludir y más aún difícil de retratar.
 
Como no puede ser de otra manera, el drama local, puede ser visto desde distintos puntos de vista y como base de un esquema mental. En esta película, el espectador tiene ciertos parámetros para definir el problema del narcotráfico colombiano.
 
Al ver el film, el desafío mayor es la traducción del lenguaje usado, sin contar con parámetros para su comprensión. El director decidió que esto sea así, la obra pone de manifiesto el uso del lenguaje coloquial, de una sociedad que se revela entre la opulencia de una clase media y la marginalidad de desempleados pobres, obreros o campesinos. Unidos ambos extremos por un solo objeto del deseo: el dinero fácil.
 
Es la droga, la gigantesca industria del mal que los reúne y les asigna sus respectivos roles, como el de patrón y trabajador.
 
En “Sumas y restas” vemos la trama de una sociedad que a fuerza del narcotráfico, asigna valores, vemos los signos de poder, de un estado ausente. 
 
La justicia se ejerce por mano propia, las fuerzas del orden son los jóvenes armados que viven de las ganancias del patrón, a quien juran fidelidad y respeto. 
 
La “blanca”, cala en el obrero simple, así como en  el hombre con mucha cultura y bien estudiado.
 
Para quien no tiene nada, le da igual todo, pues no tiene mucho que perder; para el profesional acomodado, que tiene varias propiedades y una vida que muchos envidian, la droga es un placer y un escape al tedio del trabajo.
 
La película tiene varias escenas claves, pero destaco una. Encerrado Santiago el protagonista y el propietario de los terrenos, donde el narcotraficante tiene la fábrica de droga, en una situación límite, de dos personas secuestradas por una banda armada, el hombre mayor expresa lo que muchos en Medellín sintieron, repite: “por qué me tiene que pasar esto, qué hecho yo. No tengo nada que ver con esto.”
 
En esa ciudad de vidas extremas, existe gente que es rehén de esa vorágine y no merece estar enterrada en una cloaca con olor a sangre.
 
Para algunos críticos de la película “Sumas y restas”, es una apología al narcotráfico y la violencia.
 
Para otros, es una obra que busca reflejar la realidad con la mayor naturalidad posible, en la que el director, Víctor Gaviria, de forma obsesionada registra los diálogos naturales de la gente que vive habitualmente su historia en torno a la droga y el dinero. El trabajo de Gaviria es representarlos de forma natural en su puesta en escena.
 
Para unos será echar más gasolina al fuego, para otros es revelar de forma descarnada el drama de una sociedad polarizada al límite, que subsiste al filo de la navaja y sin embargo, todos los días ve salir el sol como señal de una nueva jornada. 

Ficha técnica

Director
Víctor Gaviria

Guionista
Víctor Gaviria
Hugo Restrepo

Productor
Fernando Mejías

Música
Victor Garcia

Fotografía
Rodrigo Lalinde

Montaje
Víctor García

Sonido
Miguel Ramos

Protagonistas
Juan Carlos Uribe
José Rincón
Fabio Restrepo

País
Colombia

Año
2005

Género 
Drama

Duración
100 minutos

Formato 
35mm, color

Productora
Latin Cinema group


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